
La fístula anal es el resultado de la infección de las glándulas situadas entre el recto y el ano, formando un trayecto que llega hasta la piel que está alrededor del mismo.
En este sentido, podríamos definir la fístula como un absceso perianal, es decir, un acúmulo de material purulento cuya evolución ha derivado en la formación de una comunicación entre el interior del canal anal y la piel perianal por la que emergería el pus. Esta comunicación puede atravesar los esfínteres que son los dos músculos que se encargan de la continencia.
Hoy día, si descartamos otras etiologías específicas de infección (fístulas complejas producidas por enfermedades que afectan a todo el aparato digestivo), más del 90% de las fístulas se originan en unas glándulas que se localizan en el espesor del recto y canal anal.
Síntomas
Los síntomas de las fístulas anales dependen de la fase en la que se encuentre el paciente. En la fase aguda, es decir, en la formación del absceso, es típica la presencia de un dolor de características sordas y continuas en la zona perianal que tiende a ser progresivo y que no responde a calmantes.
Cuando el absceso ha evolucionado y se produce la fístula, el paciente se encuentra en una fase crónica. En ésta, es típica la presencia de un orificio en el margen anal semejante a un grano común que periódicamente le molesta y supura. Una vez vacío el absceso, pueden pasar días o semanas sin que vuelva a supurar y sin que ello suponga la curación de la fístula.
Diagnóstico
La exploración de un proctólogo experimentado en la consulta y una buena historia clínica, podrían ser suficientes para realizar un diagnóstico de fístula anal. Sin embargo, debemos acudir a la realización de una prueba complementaria como es la Resonancia Magnética para obtener información de las características de los trayectos fistulosos.
Tratamiento
El tratamiento tiene dos principios básicos: curar la fístula y conservar los esfínteres para evitar incontinencias. Para ello, el tratamiento definitivo se lleva a cabo mediante cirugía mediante el Láser de CO2 limpiando el trayecto y dejando su cicatrización por segunda intención. En ocasiones, como referimos anteriormente, si la fístula afecta a los esfínteres se puede dejar un hilo de goma a modo de guía llamado setton que se retira posteriormente.
En algunos tipos de fístula podremos beneficiarnos del Láser Filac de fibra circular de Diodo sellando el canal interior y sin necesidad de curas posteriores.
